La Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) engloba dos patologías diferentes que son la Colitis Ulcerosa y la enfermedad de Crohn. La Colitis Ulcerosa afecta principalmente al colon del paciente y puede presentar brotes de diarrea con trazas de sangre. La enfermedad de Crohn, en cambio, puede afectar a cualquier parte del tracto gastrointestinal, aunque a menudo se focaliza en el íleon, que es la parte final del intestino delgado.

Se ha descrito que uno de los factores que caracterizan la enfermedad inflamatoria intestinal es una reacción defectuosa del sistema inmune de la mucosa intestinal ante la microbiota (los microorganismos que viven en nuestro intestino). (Asquith et al., 2010). Algunos estudios han sugerido que esta deficiencia puede deberse a una colonización deficiente del intestino por parte de microorganismos en la infancia temprana, puesto que este proceso tiene una importante función en la formación y regulación del sistema inmunitario (Guarner et al., 2006).

Este es sólo uno de los factores que pueden encontrarse en el origen de ambas patologías, ya que se trata de enfermedades complejas que pueden ser originadas por múltiples factores ambientales. La dieta y el estilo de vida occidentales también pueden ser uno de los factores que influyen en la aparición y la progresión de la EII.

En concreto, una dieta rica en proteína animal y deficiente en fibra acostumbra a resultar en una reducción de la diversidad de la flora intestinal (disbiosis) que conlleva una mayor susceptibilidad de padecer una enfermedad inflamatoria intestinal. Además, para que se desarrolle la enfermedad inflamatoria intestinal, tiene darse afectación de la barrera intestinal que separa el lumen de la mucosa y protege al intestino (Nishida et al., 2018Xavier, R.J et al.,  2007).

Por el contrario, una dieta rica en vegetales y fibra ayuda a aumentar la diversidad de la microbiota y ha demostrado aliviar los síntomas de los pacientes aquejados por estas dolencias. (Bouma et al, 2003).

Una de las características de la enfermedad inflamatoria intestinal es la disbiosis caracterizada por una disminución de las bacterias que producen ácidos grasos de cadena corta acompañada de un aumento de proteobacterias. A nivel microscópico, se observa la disminución de la E-Cadherina que es una de las proteínas responsables de mantener las uniones celulares que forman la barrera celular, lo que conlleva la disrupción de la barrera intestinal. (Ramos et al, 2019).

La microbiota que forma la flora del intestino es esencial para combatir la enfermedad inflamatoria intestinal y existen numerosos probióticos de eficacia contrastada para mitigar los efectos de esta patología. En casos extremos, se ha descrito que el trasplante de heces -el trasplante de la microbiota de un paciente sano-, es un tratamiento efectivo para la Colitis Ulcerosa, lo cuál confirma que la microbiota del intestino juega un papel esencial en esta enfermedad. (Costello et al., 2017).

En casos extremos, el tratamiento puede consistir en una cirugía de anastomosis ileoanal (comúnmente denominada «cirugía de bolsa en J»), que permite eliminar los desechos con normalidad después de la extracción de las partes superior e inferior del intestino grueso (colon y recto). La cirugía de bolsa en J también se conoce como «cirugía de anastomosis ileoanal con reservorio» (IPAA) y es un procedimiento no exento de riesgos pues puede dejar algunas secuelas. (Mirsepasi-Lauridsen et al., 2018).

Para más información sobre estas patologías, recomendamos la web de la Confederación ACCU de afectados por la Enfermedad de Crohn y la Colitis Ulcerosa: https://www.accuesp.com/