Algunos quesos son una fuente excelente de probióticos. Su baja acidez y la presencia de la grasa de la leche hacen la función de conservantes de los microorganismos en su paso por el sistema gastrointestinal. Pero no todos los quesos contienen probióticos, sólo aquellos elaborados con leche cruda, o sea leche que no ha sido pasteurizada, conservan los microorganismos vivos que constituyen los probióticos.

Un modo alternativo de obtener quesos con probióticos pero evitando los riesgos que conlleva la leche cruda, es añadiendo microorganismos probióticos posteriormente a la elaboración del queso. Un ejemplo de ello, es el estudio realizado por la universidad de São Paulo en que se añadieron las cepas Lactobacillus acidophilus NCFM o Lactobacillus rhamnosus Lr-32 a un queso comercial para tratar a pacientes infectados con Cándia en su dentadura. El experimento fué un éxito y es posible que en un futuro próximo este sea un agradable método para tratar las candidiasis orales.

¿Cuáles son los quesos que más comúnmente contienen probióticos?

Pues, siempre que sean elaborados con leche cruda, podemos encontrar probióticos en todo tipo de quesos: Manchego, Mahón, Cheddar, Quesos de cabra, Feta, Gouda, Provolone, Edam, Emmental, Gruyere…

Estos quesos elaborados de la manera tradicional, son ricos en sabores y texturas y enriquecen nuestra flora intestinal. Pero, como en todo producto, hay que asegurarse de que cumpla con las garantías sanitarias correspondientes. Aunque es muy poco probable, se han dado algunos casos de infecciones en personas que habían comido alimentos elaborados con leche cruda. Por este motivo, está totalmente desaconsejado el consumo de este tipo de alimentos en mujeres embarazadas o en personas inmunodeprimidas.